Las imprudencias de hoy.

 

José Luis Marcos Presidente de Proel

La crisis que explota en el 2008 y se expande en los  siguientes, a partir del 2016, empezó a dar señales de agotamiento; parecía que, como siempre, después de llover, escampa.

El 2018 ha sido un año de vuelta a la normalidad, con un sector renovado en sus actores y con una demanda embalsada a lo largo de unos diez años. Por lo tanto buen año, con un mercado mucho más pequeño, tanto en sus oferentes como en demandantes, en el que hay problemas: la carencia de suelo, mal crónico nuestro y la madre de los incrementos de precio.

Y con difícil solución; el suelo está en manos de los políticos, su gestión es muy larga y parece que no interesa al que busca más que nada la inmediatez y la “foto”. Es nuestra materia prima y no la podemos improvisar. Ha pasado de ser un elemento no-deseado en los años más duros de la crisis, a ser un bien escaso. Benditos fondos que en los “años de hierro” compraron suelo, liberando la sentina de las entidades financieras, y que ahora se dedican a promover, creando empleo, creando riqueza, generando ingresos a la Hacienda Pública y saciando una demanda que estaba  in atendida. Otro problema es la transformación de la demanda en insolvente por el incremento de los precios.

 

 

Como ejemplo, El Cañaveral: no hace ni 20 meses, la vivienda en altura se vendía a 1.700 euros/m2/construido y hoy los precios están por encima de los 2.200 euros, por mor de la carencia de suelo y el “frenazo municipal” perpetrado por el Ayuntamiento en los Pau’s del Sur, (Berrocales, Ahijones, Los Cerros), que judicializa desarrollos totalmente aprobados y en avanzado proceso de urbanización. Todo ello porque a los actuales gestores del municipio les parece mal que se puedan desarrollar allí 105.000 viviendas asequibles y quieren 50.000 solo (sic). Dentro de unos años, bastantes, habrá sentencia, indemnizaciones, lucros cesantes y demás. La demografía es una amenaza, que es ya una realidad. Todavía tenemos cohortes demográficas de jóvenes, pero cada vez menos y el panorama es oscuro con la vista puesta dos lustros adelante.

 

En el medio-largo plazo, nos van a faltar clientes… 

 

Este invierno demográfico va a afectar a todo, desde el intricado mundo de las pensiones, pasando por los servicios médicos, y secuelas… En el medio-largo plazo, nos van a faltar clientes…y habrá gente, hijos únicos que heredaran varios pisos y no sabrán qué hacer con ellos. En este año que acaba, la actividad se ha consolidado y la presión de la demanda ha sido constante, de modo que nuestras cifras de negocio han alcanzado nuestros objetivos. Así pues, estamos contentos, pero olfateando los nuevos tiempos que vienen, que no tienen muy buena pinta: cisco político en un 2019 trufado de elecciones de toda índole, una cierta sensación de falta de un marco normativo fiscal, económico, laboral, que atenúan el interés inversor y el lanzamiento de proyectos nuevos. La actividad económica requiere un marco, casi diría que el que sea, pero estable. Lo dicho: un año bueno, pero demasiados nubarrones en el horizonte y demasiadas interrogantes y una cierta sensación de que, todos, navegamos con el “freno de mano echado”, porque hemos perdido seguridad en lo que puede venir.

 

 

Para 2019 hay la sensación de motor tocado, de pérdida de potencia, los cilindros van “a su bola”, pero este año no van a partir el cigüeñal. Tranquilos pues, para el 2019.

 

Es muy peligroso comprar suelos, sobre los que no se podría promover a los precios a los que se vende hoy. Comprar hoy un suelo caro, pensando que el mercado finalista va a seguir subiendo, va a ser letal. Con una construcción desbocada en cuanto a los precios m2 del sumatorio. Pese a todo, alea iacta est, (los dados están echados) y el año será bueno.

 

 

 

Con gran probabilidad el último de este corto ciclo de bonanza (2016-2020), cuatro años, viniendo de dónde venimos. El 2021, ya tocan vacas flacas. Las imprudencias de hoy se pueden pagar muy caras. En un sector que es lento y rígido como nuestras estructuras, pero inexorable, como la muerte o la Hacienda Pública. Cualquier operación que pensemos para venta minorista en el mercado nacional, tiene que estar “colocada” antes del 2021, a partir de ahí, puede haber sorpresas. Y menos mal que la banca, está absolutamente sensata y no financia lo infinanciable, son más profesionales que nunca. Nuestra desgracia es el suelo, demasiado cerca de los políticos y estos no están por la tarea, Su vida es efímera como la de las mariposas y veinte años de igestión en un suelo, está en la banda alta de lo razonable, (ARPO, Operación Chamartín…) y para los que hoy, tienen que tomar resoluciones, es demasiado, no lo entienden, su ciclo vital es otro y así nos va…

 

 

En resumen…

En resumen, el panorama es el de carencia de materia prima, precios al alza, demanda que no puede, porque solo te compras lo que puedes pagar y toda una cohorte de jóvenes, los más preparados de la Historia, a verlas venir… una pena y un desperdicio. Pese a todo,  lo que vamos a ejecutar en el año que viene o está en la calle o está a punto de salir, encajado en lo que pide y puede pagar la demanda, así que no esperemos sorpresas desagradables. Sean prudentes.

 

 

 

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